La sabiduría de una vida vivida


Todavía maquillada, con el mismo traje que usó durante el show y unas cómodas pantuflas, la inefable María Antonieta Collins nos recibe en su despacho de Telemundo, un mediodía de un día común. Atiende llamadas, bromea con sus colaboradores, chequea e-mails y nos ofrece una silla. Desborda energía. Su calidez nos hace sentir que nos recibe en la cocina de su casa mientras hornea unas galletas.

Allí, rodeada de miles de fotos que cuentan su \pasado y sus afectos, MAC recuerda sus comienzos, \allá por julio de 1979 [en la foto, MAC en sus inicios como periodista] . "Yo he sido bendecida por la suerte, pues estaba en el momento correcto, en el sitio perfecto, pero también estaba preparada. Me despedí un viernes de la gente de México [los compañeros de trabajo] y el lunes estaba en trabajando [en la misma empresa] en California". Por lo tanto, ella considera que el famoso cambio cultural no la afectó tanto, si bien reconoce que "me llamaba mucho la atención las redadas de Inmigraciones en el centro de Los Ángeles, por ejemplo, entraban a los cines a sacar indocumentados. Era otro tiempo, otro Estados Unidos".

La gran matriarca

A la hora de hablar de su rol dentro de su familia, María Antonieta reconoce que "soy la matriarca, primero porque mantenía yo a mi papá y después
porque fui la cabeza de familia con mis hermanos".

Hoy, jefa de su propio hogar, nos comenta que para sus hijas, Antonieta y Adriana, la figura materna es muy importante "aunque yo trato de no influir en sus decisiones y en sus vidas". Reflexiva, nos dice: "Soy la mamá que hubiese yo querido tener".

Hablemos de amor

Su visión del amor está muy alejada del típico cuento de hadas que muchos tienen en la cabeza. Para MAC, el amor ideal debe ser más práctico y no tan lírico. "Es saber que tú llegas en las noches y hay un pie que tú rozas sin ninguna otra cosa que saber que somos amigos, que tú puedes entender que hoy no fue mi mejor día, que tienes la mano que te dice ‘Oye, qué bien por ti’. Yo creo que después de los 40 años, uno ya debe pensar en quién será el compañero para toda su vida".

La fórmula de las abuelas es, según su
experiencia, la que de verdad funciona. "Antes los matrimonios no fracasaban tanto como ahora porque las mujeres no tenemos el aguante de nuestras madres y abuelas, y al fin de cuentas no era tan grave y era valioso para vivir una vida feliz". Y entonces, cita una frase de una de sus mejores amigas: "Tu mejor inversión tiene que ser el hombre con el que tú vives".

Una mirada hacia adentro

Al mirar hacia adentro de sí misma, MAC nos cuenta que ella busca el equilibrio justo entre el espíritu y el cerebro. "Una cosa no puede estar sin otra. Si eres muy espiritual acabas como un ermitaño y si eres muy cerebral eres una máquina. Mis hijas me dicen que yo llevo el látigo en una mano pero tengo el pan en la otra".

María Antonieta ríe al fantasear con una vejez glamorosa, en una gran casa con otras mujeres que también han trabajado duro toda su vida. "Me imagino con una peluca y unos lentes rosa, rodeada de mis 47 perros, escribiendo telenovelas, y con mucho dinero". Y se pone seria al confesar que le tiene terror a una vejez sin techo y sin comida.

Así, con la misma sinceridad con la que le dice a su público que tuvo exceso de peso, problemas con las tarjetas de crédito y angustia porque casi le matan a golpes a su hija, María Antonieta nos revela su fascinante mundo interior.
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