El hábito de postergar es un síntoma de estos días: desde fumadores que viven dejando de fumar hasta estudiantes que se preparan eternamente para un examen. ¿A qué se debe el querer postergar todo?¿Cómo influye en nuestras vidas? Julio Bevione, motivador e invitado frecuente en el programa Cada Día, te habla sobre este hábito y te da cuatro pasos para superarlo.
El agobio en el que solemos vivir nos lleva a dejar ciertas actividades para el futuro, sin tomar acción en el presente. Y, aunque no siempre es un mal hábito, ya que puede ayudar a priorizar actividades y quizá a planificar mejor, lo cierto es puede convertirse en una duda eterna que nos paraliza.
Un estudio realizado en la Universidad de DePaul, en Chicago, asegura que el 20% de los adultos se identifican como indecisos crónicos. Es decir, el problema está instalado de manera categórica en nuestras familias, trabajos y sociedad en general. Si no somos indecisos crónicos, es posible que alguien en nuestro entorno lo sea.
La razón por la que postergamos es la baja tolerancia a la tensión y las dudas relacionadas con la bajan autoestima. Las personas que postergan no son vagas, sino que le temen al fracaso, al éxito o a ser controladas.
Casos claros son: "todavía tengo tiempo", "El 1 de enero dejo de fumar" o "El lunes empiezo la dieta", "Mañana hago los impuestos".
En general se identifican dos tipos de postergación: la que afecta a cuestiones cotidianas y la que afecta a los objetivos fundamentales de la propia vida. El primero tiene consecuencias claras, el segundo se hace visible con el paso del tiempo.
La gente que constantemente posterga sus acciones tiene una fuerte dificultad para concentrarse y suele sentir miedo o ansiedad al verse sobrepasado por la tarea.
A continuación encontrarás cuatro pasos que te ayudarán a superar el hábito de postergar:
Romper las dudas sobre si podrás o no hacer una actividad haciéndola. De esta forma disminuirás la ansiedad y te concentrarás en hacer lo postergado paso a paso. Muchas veces creemos que lo que postergamos nos llevará más tiempo de lo que nos llevará en realidad.
Evita tener expectativas sobre lo que ocurrirá mañana. Sólo debes hacer lo que hoy estaba previsto.
Establece metas cortas, semanales o mensuales, y prácticas, que sean posibles de lograr. Ello te permitirá dividir la tarea a realizar menos abrumadora y más manejable.
Cada vez que aparezca un límite, cuestiónalo. Así veras que eran simples excusas para seguir postergando.
Ponte en marcha y siempre decide a tu favor. Pero que sea hoy, ¡no lo dejes para mañana!